El principio de empresa en marcha supone que la entidad continuará operando en un futuro previsible y que no tiene ni la intención ni la necesidad de liquidar o reducir de forma importante su actividad. Sobre esa hipótesis se construye toda la contabilidad convencional.
Qué significa exactamente
La NIC 1 exige que la dirección evalúe, al preparar los estados financieros, la capacidad de la entidad para continuar como empresa en funcionamiento. Si esa hipótesis se sostiene, los activos se miden por su valor de uso continuado y no por lo que se obtendría vendiéndolos con urgencia.
De ahí se derivan prácticas que solo tienen sentido bajo este supuesto: depreciar un activo a lo largo de diez años, clasificar partidas en corrientes y no corrientes, diferir gastos a ejercicios futuros o capitalizar desarrollos.
Lo que no significa
Tres precisiones que resuelven la mayoría de las confusiones.
No significa flujo de caja positivo. Una empresa puede tener flujos negativos y seguir siendo una empresa en marcha si dispone de financiación comprometida o de un plan creíble.
No significa duración indefinida. La hipótesis no afirma que el negocio operará para siempre, sino que continuará durante un futuro previsible sin liquidación forzosa.
No significa ausencia de preocupación. La dirección puede tener inquietudes fundadas sobre la continuidad y aun así preparar los estados bajo esta hipótesis, siempre que revele adecuadamente la incertidumbre.
El horizonte de evaluación
La NIC 1 fija un horizonte mínimo de doce meses desde la fecha de cierre del periodo sobre el que se informa. Es un mínimo, no un máximo: si existe información relevante sobre hechos posteriores a ese plazo, debe tenerse en cuenta.
Conviene notar que el cómputo se hace desde la fecha del balance, no desde la fecha de formulación, aunque en la evaluación se consideran todos los hechos conocidos hasta que los estados se autorizan para su emisión.
Indicadores de duda
| Financieros | Operativos y otros |
|---|---|
| Patrimonio neto negativo | Pérdida de personal directivo clave sin reemplazo |
| Pasivos corrientes superiores a activos corrientes | Pérdida de un mercado o cliente principal |
| Préstamos con vencimiento próximo sin refinanciación | Escasez de suministros esenciales |
| Flujos de operación negativos recurrentes | Litigios que podrían derivar en obligaciones inasumibles |
| Incumplimiento de covenants | Cambios regulatorios adversos |
| Retraso o suspensión de dividendos | Retirada del apoyo financiero de los accionistas |
| Imposibilidad de pagar a acreedores al vencimiento | Huelgas o conflictos laborales prolongados |
Ningún indicador aislado es concluyente. Un patrimonio negativo en una filial con carta de apoyo de la matriz puede no representar ninguna duda real sobre la continuidad.
Factores mitigantes
La evaluación debe considerar también lo que contrarresta los indicadores adversos: líneas de crédito no dispuestas, compromisos formales de apoyo de los accionistas, activos no estratégicos susceptibles de venta, planes de reestructuración en ejecución con resultados verificables o contratos plurianuales firmados.
La diferencia entre un plan creíble y una declaración de intenciones está en la evidencia: compromisos por escrito, plazos definidos y capacidad demostrada de ejecución.
Efectos contables
La evaluación puede desembocar en tres escenarios.
Sin dudas significativas. Los estados se preparan con normalidad bajo la hipótesis de empresa en marcha.
Con incertidumbre material. Los estados se siguen preparando bajo esta hipótesis, pero deben revelarse expresamente los hechos que generan la duda y los planes de la dirección para afrontarla.
Hipótesis inaplicable. Si la dirección pretende liquidar o cesar la actividad, o no tiene alternativa realista, los estados deben prepararse sobre una base distinta, habitualmente valores de liquidación, y revelar ese hecho junto con las razones.
El tercer escenario transforma los estados financieros por completo: desaparece la distinción entre corriente y no corriente, los activos se miden por su valor neto de realización y afloran pasivos por costos de cierre que antes no se reconocían.
El papel del auditor
El auditor evalúa de forma independiente la valoración hecha por la dirección. Si concluye que existe una incertidumbre material adecuadamente revelada, emite una opinión favorable con una sección específica que llama la atención sobre ese punto.
Si la incertidumbre no se revela de forma adecuada, corresponde una opinión modificada. Y si los estados se preparan bajo la hipótesis de empresa en marcha cuando esta resulta inapropiada, procede una opinión desfavorable.
En valoración de empresas
Fuera del terreno contable, el concepto reaparece en la valoración de negocios. Valorar una empresa en marcha significa estimar su valor como negocio en funcionamiento, mediante los flujos que se espera que genere, en lugar de sumar el valor de liquidación de sus activos.
En los modelos de descuento de flujos, la hipótesis se traduce en el valor terminal: se proyectan explícitamente entre cinco y diez años y se asume que a partir de ahí el negocio continúa indefinidamente con un crecimiento estable. Ese supuesto suele concentrar más de la mitad del valor total, lo que explica por qué la hipótesis de continuidad es tan determinante en el resultado de cualquier valoración.